Emma Viñas Sarria y Pau Garcia Freixa lideran El Turó de les Nou Cabres, un proyecto familiar de ganadería y transformación láctea en el Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l'Obac. Acompañar a esta joven pareja de pastores y queseros mientras su rebaño recorre los bosques de Matadepera (Vallès Occidental) es una auténtica lección de silvopastoreo, gestión forestal y prevención de incendios. El tintineo de los cencerros marca el ritmo del roce de los animales que pastan entre arbustos y matorrales. La estampa es bucólica; la realidad, compleja. En el camino y la conversación, descubriremos la resiliencia de dos personas fuertes que viven y trabajan con pasión por la tierra.
Raíces en el bosque
Llamada matinal en la casa señorial de La Barata, donde tienen el corral de las ovejas con los corderos recién nacidos. Una clienta avisa de que hay una cabra perdida por los alrededores de su vecindario. Por las características que describe, el animal no es del Turó de les Nou Cabres, pero Emma no duda: irán a buscarla igualmente. Mientras tanto, Pau, su pareja y compañero de proyecto, acaba de llegar a La Barata para conducir el rebaño hacia el bosque, en dirección a Can Robert, a los pies del macizo de la Mola. Les acompañaremos para conocer de cerca cómo funciona el silvopastoreo en este parque natural gestionado por la Diputación de Barcelona, un trabajo que la pareja de emprendedores rurales realiza con innovación, dedicación y, sobre todo, mucho cuidado.
Pau es de Matadepera, «criado en el bosque», como dice Emma. Ella, barcelonesa de nacimiento pero con años vividos en Terrassa, de pequeña iba mucho a la montaña acompañando a sus padres arqueólogos. El sentimiento de pertenencia de Pau a los bosques de Sant Llorenç también es muy fuerte: «¡Mi abuelo ya apagaba fuegos antes de que existiera el cuerpo oficial de bomberos!», comenta. Su familia le ha hecho consciente de la importancia de cuidar el territorio y de entender que cada elemento natural tiene su función. Tiene un hermano bombero y otros familiares son miembros de la Asociación de Defensa Forestal de Matadepera, lo que le ha permitido conocer a fondo la dinámica de los incendios forestales.
Pau decidió hacerse pastor y probó de montar un proyecto con dos personas más y unas doscientas ovejas, pero no funcionó. Al poco tiempo, Emma (que se había formado en la Escuela Agraria de Manresa) se sumó con su propia visión y la iniciativa de comprar trescientas ovejas. Un poco después se hicieron pareja y, al cabo de unos años, tuvieron tres hijos.
Un proyecto integral
En El Turó de les Nou Cabres quisieron sumar un grupo de cabras lecheras para «diversificar la empresa». Con estos animales buscaban un ingreso fijo mensual, una estrategia que les funcionó. Crearon la quesería y completaron el proyecto actual: una línea de comercialización de carne de cordero y cabrito, otra de elaboración propia de lácteos, venta de leche de cabra a queserías y, finalmente, silvopastoreo y gestión forestal sostenible. Es un proyecto integral que abarca los tres sectores económicos: primario, secundario y terciario. Emma explica por qué apostaron por este modelo: «Desde el inicio teníamos claro que queríamos cerrar el ciclo nosotros: como es un oficio precario, queríamos evitar intermediarios y acercarnos al cliente final».
Actualmente tienen trescientas cincuenta ovejas ripollesas (un cruce de banyudas caranegra y montañesas del Montseny) y ciento treinta y cinco cabras floridas, que, como precisa Emma, en realidad son de raza serrana-andaluza.
Sus rumiantes se alimentan en el bosque y en los campos: el proyecto gestiona 46 hectáreas agrícolas (en concurso, alquiladas o cedidas) y, como están de traslado, tienen los animales repartidos en tres espacios: en La Barata (donde estamos a punto de salir con el rebaño), en el pueblo de Matadepera y en Can Bogunyà (Terrassa), donde tienen el obrador y la sala de ordeño.
Además, viven dentro del parque, muy cerca de la Torre de l'Àngel, en las casas del Gabi, donde quieren trasladar el obrador. «Para nosotros, este espacio natural es casa», dice Emma. Aunque siempre han trabajado con rebaños separados, últimamente la situación se ha complicado: en la finca de Can Bogunyà se han instalado varias empresas, y los tráileres de un aserradero cercano molestan a las ovejas. «A los corderos les generaba un estrés importante y hemos decidido hacer el cambio», explica Emma. Ahora esperan los permisos para empezar a trabajar en el nuevo obrador.
«Desde el inicio teníamos claro que queríamos cerrar el ciclo nosotros: como es un oficio precario, queríamos evitar intermediarios y acercarnos al cliente final» Emma Viñas
Del parque a la mesa
El rebaño de ovejas cruza el torrente de Les Arenes, guiado por Pau y Emma, en dirección a Can Robert. Después de atravesar la carretera (y esquivar a un ciclista que sube hacia el Coll d'Estenalles), las madres se detienen ante unas bellotas de color marrón intenso. «El silvopastoreo es muy completo. Lo que más comen es bosque: bellotas, margallo, junco, hiedra... Todo este alimento proteico les va bien para hacer leche y mantener la grasa corporal», describe Emma. Los animales también disfrutan del lentisco, la zarzaparrilla o la aulaga. «¡La aulaga, cuando está en flor, como ahora, les encanta!».
La dieta combina bosque y campo: este último les proporciona la hierba más soleada. Pero el plato fuerte es el bosque. «Nuestras ovejas comen territorio», dice Emma mientras observa cómo devoran las bellotas. Es comida de primera calidad que después se transforma en carne o leche que llega a los hogares vallesanos: del parque natural a la mesa.
Operar dentro de un espacio natural protegido implica restricciones, como que toda la siembra sea ecológica, criterio que ellos cumplen. A cambio, reciben una pequeña remuneración por los servicios ecosistémicos que llevan a cabo. La ADF de Matadepera, financiada por el Ayuntamiento, les contrata para actuaciones de gestión forestal con su guía: mantenimiento de franjas estratégicas con las ovejas, cuidado de campos, adecuación de franjas perimetrales del municipio... «Todo ello es una simbiosis», explica Emma. «La prevención de incendios no tiene futuro si no se da en simbiosis con el silvopastoreo», añade Pau.
La clave es el diálogo entre la parte productiva y la técnica. «Antes, a los profesionales de la ingeniería forestal les costaba entendernos. Ahora sí que nos tienen en cuenta, porque hemos demostrado que nuestra experiencia funciona mejor que ciertas teorías. El pasto no es igual aquí que diez metros más allá, ¡y eso solo se sabe cuando se pisa!», explica Pau con vehemencia. Él lee el territorio con la mirada del mosaico agroforestal: «Si analizo los bosques, veo zonas que podrían ser un problema y que hay que tener más limpias o con más mosaico».
«La prevención de incendios no tiene futuro si no se da en simbiosis con el silvopastoreo» Pau García
Silvopastura y cortafuegos productivos
Pau recuerda el trágico 10 de agosto de 2003, cuando perdieron la vida cinco personas de una misma familia en un incendio en Sant Llorenç Savall y se quemaron 4.558 hectáreas, una parte dentro del parque. A su padre le dieron por muerto unas horas, pero pudo escapar de las llamas porque conocía bien el territorio. «Hasta aquel momento, la gestión del parque era nefasta: debían de pensar que estábamos en las selvas vírgenes de Brasil y no dejaban tocar nada. A raíz del incendio se vio qué se había hecho mal y las cosas cambiaron», rememora.
Años más tarde se creó la Fundación Patrimonio Natural Matadepera para ayudar en la prevención de incendios y en el mantenimiento de los caminos del parque natural. La ADF trabaja conjuntamente y contrata a El Turó de les Nou Cabres para estas tareas. Este año, además, la fundación les ha concedido una subvención para servicios ecosistémicos. Emma también ha solicitado financiación a la Diputació de Barcelona para mejorar las infraestructuras de la explotación.
Emma y Pau coinciden en el diagnóstico del problema: hacen falta más proyectos productivos dentro del parque. «¡El día que esto arda, llegará hasta Sant Llorenç! Hace cien años había campos de viña y de cereal, y ahora todo es bosque. ¿Por qué no recuperamos la agricultura? ¡Los campos harían de cortafuegos productivos!», propone Pau. Emma, además, recuerda que son los últimos pastores de la zona, cuando antes llegó a haber hasta ocho. Viven en el parque y les gustaría trabajar en red.
Además de los bosques, gestionan varios campos (algunos en antiguas terrazas de cultivo), donde este año han sembrado un combinado de cultivos ecológicos: mostaza, algarroba, fenogreco, cebada, veza, avena... «Una mezcla muy completa que parece que está saliendo bien», explica Emma, con ganas de ver los campos coloreados del rosa de la algarroba. Bosque y campo, campo y bosque, siempre.
«¿Por qué no recuperamos la agricultura? ¡Los campos harían de cortafuegos productivos!» Pau Garcia
Convivencia en el bosque
Para aclarar bosques no hace falta utilizar maquinaria: Pau y Emma defienden que se puede contar con el silvopastoreo de una manera mucho más amplia de lo que se hace actualmente. Nos muestran ejemplos muy claros justo al lado de casa. Cuando cruzamos su finca, de repente las ovejas se detienen. Pau explica que han parado porque aún tienen el recuerdo de un susto reciente, cuando un grupo de ciclistas que iban muy lanzados chocaron con el rebaño y los animales se asustaron.
Es la otra cara de estar en el parque natural: el impacto del turismo de montaña, especialmente los fines de semana. Para Emma, hay que acercar posiciones con colectivos como corredores, ciclistas o recolectores de setas, a menudo muy alejados del mundo agrario. «La mayoría respeta nuestro trabajo, solo hay un pequeño porcentaje que no lo hace. Pero esos me amargan el día», explica Pau. «Los últimos cinco años se ha notado mucho el aumento de visitantes, especialmente desde la pandemia». Esta minoría les pisa los campos sembrados y deteriora las zonas de pasto.
Cuando llegan a Can Robert, les espera una sorpresa: alguien ha cortado una parte de la malla del pastor eléctrico y ya no funciona. Tendrán que cambiar el plan matinal, ya que no pueden hacer pastar a las ovejas en este lugar. Deciden llevarlas a un cercado próximo. «El bosque es de todos», asegura Emma, pero sería necesario que la gente se responsabilizara si rompe algo.
El reloj de los pastores
La vida de estos pastores está llena de incertidumbres y la jornada no ha hecho más que empezar. La más madrugadora ha sido Emma, que se ha levantado a las cuatro de la madrugada para comenzar el ciclo. «Soy una fascinada del tiempo. Voy a ordeñar, dejo la leche, echo el cuajo y llevo a los niños a la escuela... Mientras los dejo, la leche fermenta». Hace encajes indescriptibles con el reloj para poder dirigir el obrador y elaborar quesos artesanos con nombres de la orografía del parque natural. «Lo más bonito es levantarme temprano para ir al corral, donde ovejas y cabras me esperan para ser ordeñadas. Desde allí veo cómo sale el sol».
Pau también hace ecuaciones de tiempo imposibles. A él lo que más le fascina es pastar bien arriba del parque, con las ovejas «a boca llena». El día de nuestra visita, la agenda es intensa: después de sacar el rebaño de La Barata, irá a Matadepera a sacar las ovejas y cabras que aún no han parido. Mientras tanto, las cabras de Can Bogunyà pastan con GPS: Emma las guía desde el móvil, con vallas virtuales que delimitan el perímetro.
Emma y Pau valoran mucho las razas autóctonas tanto de ovejas como de perros, por su máxima adaptabilidad al territorio. En La Barata tienen una mastina que vigila los animales para evitar robos. El Corb, el perro de pastor catalán que ha acompañado nuestra ruta por el parque, aún es joven, pero muy espabilado. En el trayecto de vuelta a la casa señorial desaparece unos minutos entre los arbustos. La pareja lo echa de menos enseguida. Cuando vuelve, caminamos tranquilamente hacia el corral.
«Lo más bonito es levantarme temprano para ir al corral, donde ovejas y cabras me esperan para ser ordeñadas. Desde allí veo cómo sale el sol» Emma Viñas
Hijos del bosque
Más allá del rebaño y la quesería, Pau trabaja los campos con el tractor y Emma también se encarga de la parte administrativa y burocrática. Por la tarde, él alarga la jornada mientras Emma cambia de sombrero y se pone el de madre para atender a los tres hijos que tienen en común.
Roc, Olet e Irati son «hijos del bosque». Emma lo resume con esta anécdota: «Al principio, nuestros hijos pensaban que todo el mundo vivía así. Preguntaban a los compañeros de colegio: "¿Tú no tienes ovejas?", "¿En tu casa no matáis conejos?". Y los críos les respondían que no, que el conejo era su mascota». Pau describe este estilo de vida arraigado: gran parte de la comida se la hacen ellos mismos, cazan, etc. «Apostamos por esta manera de vivir porque hemos crecido así. Yo prefiero cazar, pelar el animal y comérmelo que ir al supermercado. Para mí, la naturaleza es una escuela, ¡y los niños aprenden mucho en ella!».
Este padre asegura que sus hijos han integrado «el respeto por la vida y por los demás»; aunque son muy conscientes de la muerte, porque saben lo que significa sacrificar un animal, también comprenden que hay que ser empáticos. Emma y Pau les animan a amar la vida y la tierra que les rodea.
«Para mí, la naturaleza es una escuela, ¡y los niños aprenden mucho en ella!» Pau Garcia
Pastores y queseros
Esta pareja de agricultores innovadores tiene un alto nivel de exigencia. El Turó de les Nou Cabres apuesta por cuidar la tierra y los rebaños, elaborar producto propio y comercializarlo en el Vallès Occidental. Este doble rol de pastores y queseros les llevó a sumarse a la Asociación de Pastores y Pastoras Queseros de los Países Catalanes, constituida hace unos años para crear un sello distintivo: quesos artesanos, elaborados en pequeñas queserías con leche del mismo rebaño que pasta diariamente por el territorio; un criterio exigente que ellos cumplen. Así, sus productos llevan el sello de esta entidad, que articula una red de proyectos cercanos y comprometidos con un oficio ancestral que contribuye a mejorar la soberanía alimentaria, fijar personas en el territorio y dinamizar la economía de proximidad.
Emma también es cofundadora de Ramaderes de Catalunya, un grupo de apoyo a mujeres pastoras que trabaja para repensar el mapa burocrático agrícola y ganadero. «La burocracia es extrema: nos exigen el mismo nivel de papeles que a una macrogranja intensiva», se queja. Como se encarga de lo que ella llama «la agrotortura», pide un cambio de modelo a la Generalitat de Catalunya: agilizar los procesos administrativos, especialmente para los proyectos pequeños.
Es hora de cambiar de escenario y de compañía. Pau se marcha con el otro rebaño y Emma recibe ahora a dos profesores de la Universitat Autònoma de Barcelona que realizan un estudio sobre ganadería y salud. De fondo, los corderos balan y reclaman a las madres, que aún pastan en el bosque.
Fuente original de la entrevista: Oficina Técnica de Prevención Municipal de Incendios Forestales y Desarrollo Agrario de la Diputación de Barcelona